La Iglesia y la enfermedad de la piedra
Un servidor fue en una ocasión a ver el famoso monasterio de Fitero, en Navarra. En este monasterio del Císter, situó Gustavo Adolfo Bécquer una de sus más famosas leyendas: el Miserere. Pues bien, a mí me extrañó que las piedras estuviesen tan desgastadas, carcomidas... Unos paisanos me dijeron que tenían la "enfermedad de la piedra". La Iglesia de Cristo es Santa, Santa en su doctrina, Santa en sus sacramentos... Bueno, su fundador, Cristo, es Santo. Pero hay un problemilla: las piedras de la Iglesia somos nosotros, que desde el bautismo formamos parte suya. Y resulta que nosotros (papas, obispos, sacerdotes, religiosos, laicos...) ¡no somos tan santos! La Santa Madre Iglesia sale con frecuencia, por nuestra culpa, mal parada. ¿Tiene esto remedio? Sí, la conversión. No la de los otros, sino la nuestra: la...