Nombre propio
Hoy en el mundo. 2 de febrero.
Francisco ―o ovelleiro do Moneco―era jornalero. Yo lo conocí hace años, la primera vez que vino a mi casa. Se presentó una mañana temprano y la abuela María le preparó el desayuno:
―Que queres, Francisco?
―Unha cousa leve, dice, unhos tortos na sartén.
Francisco era bueno y trabajador, un hombre justo, que ganaba su salario. Como no nos conocíamos de antes,se acerca y me pregunta:
―Cal é a túa gracia?
Quedé sorprendido. Los que me conocen saben que yo gracioso no soy; no sabía qué quería decir. Me lo aclara:
―Como te chamas?
Tener nombre es una cosa buena, es una gracia. El Señor le da a Simón el nombre de Pedro; a Santiago y a Juan, Los hijos del trueno.... Nosotros tenemos el nombre de Cristo: cristianos. Somos cristianos desde que nos bautizaron. El Señor nos da su gracia en los sacramentos: sacramento es un signo sensible instituido por Jesucristo para darnos la gracia (catecismo). Hay que buscar la gracia del Señor, y, cuanta más, mejor; es la gasolina del alma. Podemos llenar el motor sin miedo, es gratis. Nada de retrasar los sacramentos; el coche, sin gasolina, no anda.
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