La gran bofetada

  
 
    ¡Vaya trompazo! No se trata de una bofetada cualquiera. ¡Es una bofetada de obispo! El asunto sobre el que discutían tampoco era peccata minuta: ni más ni menos que la Santisima Trinidad. El que recibe la bofetada es el obispo Arrio, gran hereje.
     Dios es Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios. Pero no hay tres dioses sino un solo Dios. Esta verdad revelada es un misterio.
    Sólo hay una religión verdadera, la religión cristiana. Las religiones judía y musulmana, por ejemplo, no son verdaderas porque no creen en el Dios verdadero, en el Dios Trino. Los musulmanes y judíos no creen que Cristo sea Dios.
    Si en algún momento te encuentras con un no cristiano, y lo ves oportuno, comentarle que Dios es Trino. Y harás una cosa buena, lo manda el mismo Cristo: "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio y bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espírito Santo" ¡Seguro que el mandato de Cristo no es por rebajar el colesterol!
    ¡Ah! Una cosilla que se me olvidaba... ¿Recuerdas que en la homilía del domingo, D. Ramón habló de que el amor es lo que une la familia? La Santisima Trinidad es una familia.

Comentarios

  1. Nadia Fernández Blanco

    La Santísima Trinidad es uno de los grandes misterios de la religión cristiana. Esta cuestión no solo es difícil de entender para personas de otras religiones, para los propios cristianos es difícil explicar este fenómeno. La Santísima Trinidad es representada como un triángulo. Cada uno de los vértices es parte del mismo triángulo y sin embargo cada uno es distinto. Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, el mismo poder, la misma eternidad...; son un sólo Dios en tres personas distintas. Cada una de estas personas tienen una misión diferente: Dios-Hijo (enviado por Dios-Padre) es nuestro Salvador, Dios-Espíritu Santo (enviado por Dios-Padre y Dios-Hijo) es nuestro Santificador.
    Existen personas que determinan la Santísima Trinidad como falsa porque no podemos entender este misterio a través de la razón, para ello necesitamos la fe.

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