Presencia de Dios

 

     ¡Tanta confianza que da.. asco!

    Había en nuestra parroquia, en tiempos de mi abuela Encarnación, una vecina que padecía la enfermedad del sueño. Como buena cristiana que era, venía a Misa todos los domingos. Se sentaba en el banco y se quedaba dormida. Al terminar la Misa, su marido, que había subido al piso de la iglesia donde solían estar los hombres, bajaba y le decía: ¡Desperta, Manuela, que xa acabou a Misa!

    Manuela era una buena cristiana y cumplía, a mi entender, con el precepto dominical. Nosotros a lo mejor no. Entramos en la iglesia y saludamos a todos, menos al Señor, que con frecuencia suele estar en el Sagrario. Hablamos de todo con todos, menos con el Señor... en fin: lo que son detalles de cariño, pocos. Ya sabes: consejos vendo que para mí no tengo. Por ejemplo: Al entrar en la iglesia, saluda al Señor puedes hacer una genuflexión, mirando al Sagrario. Estate en Misa con atención, responde cuando debas hacerlo. En la Consagración, arrodíllate, si puedes, ante el Señor. Participa en la Comunión, si estás debidamente preparado, no para lucirte... ¡En fin, no te escudes en que tienes mucha confianza! Porque mucha confianza da asco.

    ¡Que ya me olvidaba! ¿Recuerdas lo que dijo Don Ramón acerca de la relación entre Dios y Abraham? Pues eso.

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